Es un hecho que todos nos interrogamos de dónde venimos, a dónde vamos, quiénes somos y todas las preguntas posibles que conlleven tilde. Yo dentro de mi normalidad exajerada lo he hecho. Pero jamás en mi vida nadie me había cuestionado mi identidad. Cuando alguien le dice a una persona quién es, el otro interlocutor no le pregunta "¿de verdad que eres esa persona? ¿no serás otra?". No, lo da por hecho (a no ser que sea un asesino en serie). Por eso, aquel día, cuando estaba en Murcia, nunca imaginé que todos mis pilares se iban a romper.
Era una noche tranquila, estábamos cenando y decidí que tenía que ir al servicio. En un ataque de naturalidad, cogí el bolso y me dispuse a levantarme. Era un restaurante bastante pequeño, de puerto, que solo tenía un baño para hombres y otro para mujeres. Como estaba vacío entre sin más dilación. Eché el cerrojo cuando de pronto llamaron a la puerta.
— Ocupado.— ¿Quién eres?— ... ¿Perdón?— Que quién eres. ¿Eres Vero?— Emh, no.— Ah, perdón.
Así, simplemente, me trastocaron mi identidad. En un lavabo de Murcia a las 12 de la noche. Hasta hace días no pude superarlo. ¿Era Vero? ¿era Irene? ¿quién realmente era yo? Pero gracias a Dios he podido sobreponerme de esta grave crisis de identidad. Con esfuerzo y gran valentía (y unas dosis de alcohol sanitario).
Y así es como ocurrió aquel día en el que me cuestioné quién era yo.


2 comentarios:
Si es que las preguntas importantes te las plantean las situaciones que no lo son, lo sé yo.
Un besico :*
eso me pasa todo el tiempo.. me miro mi mano y me quedo pensando :OO
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