¿Quién no conoce al menos un poema de Bécquer? ¿o un verso? ¿o una palabra? ¿... o su nombre? La cuestión es que sin duda alguna, Bécquer puede decir con orgullo que es uno de los poetas más conocidos de la literatura española. Para bien o para mal.
Pasó de ser un total desconocido, como era típico en la época el romanticismo (cofJohnKeatscof), a ser toda una figura en el arte de ligar. Irónico, ¿verdad? Mientras que en su época sus poemas hacían correr espantadas a las damas, actualmente no hay ninguna que se les resista. Se han convertido en el icono del amor cortés del siglo XXI.
Pero dejando a un lado los párrafos sin sentido donde alabo a Bécquer, lo que realmente quiero expresar es lo maltratada que ha sido su poesía o la propia figura del poeta. No me refiero a las agendas escolares estampadas con uno o dos versos amorosos escritos con una ortografía singular, sino la baja estima que le tienen aquellos que sí saben de poesía.
Desde que empecé a leer a Bécquer, siempre he reconocido la sencillez con la que expresa unos sentimientos tan contradictorios e íntimos como son el amor o la muerte. Y puede que este sea su gran pecado: darse a entender, ya que la lírica desde tiempos remotos ha tenido un aura de misterio, esa doble concepción de un mismo poema. Y que algo tan abstracto pueda llegar con esa facilidad a todo el mundo, ha hecho que su poesía sea infravalorada.
Es así como escondo mi capa de snob (solo por un día) mientras proclamo que me gusta la poesía de Bécquer. Aunque algo sea del gusto mayoritario, no por ello debe ser considerado comercial y mucho menos estar mal.
¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.


3 comentarios:
Fíjate, no podría estar más de acuerdo contigo.
En concreto con lo de la poesía de Bécquer y en general con que hay gente que piensa que con decir que es una mierda lo que le gusta a la mayoría ya tienen un gran criterio.
Besico :*
Dí que sí. Que les den a los snobs literarios. A mí también me gusta Bécquer y santas pascuas.
(Lo de la sencillez me ha recordado a que muchos poetas grecorromanos comparten esa virtud, y es que Cicerón no se iba por las ramas para decirle a su amada Lesbia que le diera mil besos una y otra vez, y Safo quizás sí que se subía un poco por las ramas para comparar a su amada con una manzana sin recolectar, pero dejaba bien claras sus intenciones, y luego están otros como Marcial que sin rodeos decían a sus enemigos que tenían una napia tan larga que cuando se les empalmaba podían olérsela, y así más... Pero, oye, ahí están como clásicos y nadie les hace ascos).
Leyendo esto pienso que puedes ser una de esas personas complejas que conozco que no saben que estudiar y terminan haciendo filología por amor a la literatura y a la poesía.
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